BREVE HISTORIA DE LIBRILLA.
Dejando al margen los asentamientos de la Edad del Bronce en sus inmediaciones, cuentan las crónicas que allá por el 1.154, en el que la Región Murciana estaba sumida en la invasión árabe, un viajero de esta etnia llamado Al-Hidrissi, divisa una pequeña población junto a una rambla, la cual la llama Lymbraya, que quiere decir Barranco de los Espectros, por la situación de esta villa junto al gran corte de esta rambla.
Pero llega la Reconquista, en tiempos del rey Enrique III y el primer Alfon Yañez, adelantado del Reino de Murcia, compra en 1.381 Librilla al Marques de Villena, confirmando ese mismo rey el señorío de Librilla en el 1.393, y ya en tiempos de Alfonso XI, Don Juan Manuel hereda esta población, dotándola de Castillo y Murallas, por su valor estratégico en los caminos hacia la Andalucía Morisca.
Pasan los años y los Fajardo se asientan y la convierten en Villa en el año 1.458, levantando su casa solariega y la Casa de Postas, aún en pie y pendiente de restauración.
En esta época también se levantó la Iglesia de San Bartolomé, sobre la primitiva ermita y posterior mezquita, dentro de una de las zonas amuralladas y con la apertura de un libro de Bodas y Bautizos, datado desde el 1.500. Aunque hay noticias de ella desde el año 1.500, fue restaurada en su totalidad sobre el año 1700.
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Allá por el 1.729, según los cronistas, aún existían el Castillo y sus siete Torreones, lo cual debería ser impresionante su aspecto junto a la rambla, aunque no tenemos datos visuales que lo verifiquen.
A partir de esa fecha, con 418 vecinos en su población, fue debilitándose su importancia estratégica, lo cual fueron aprovechandos los sillares de las murallas, para la realización de los hogares de esta villa.
Actualmente quedan en pie, como edificios más importantes,
la Casa de Caballerizas, datada en 1.458. Otro edificio de ese siglo aún en pie, es el del Marqués de los Camachos,con una placa en el exterior fechado en el 1.598.
Como escenas costumbristas, existe una acequia con lavador y un olmo centenario, dónde desde el siglo pasado, las madres y esposas de esta localidad, lavaban sus ropas y enseres y dónde un servidor, -de niño, eso sí-, se bañaba en este mismo lugar en los caluroso días de verano. Todo un recuerdo.
Sus fiestas se celebran en verano, del 20 al 24 de Agosto en honor a nuestro Patrón San Bartolomé, y amén del jolgorio y otras actividades, hay un acto curioso y tradicional que se trata de tirar por el balcón del Ayuntamiento unos panecillos redondos llamados "pitanzas", que -según los mayores- datan del siglo XIX, en la época de la Postguerra Civil, cuando no había nada que llevarse a la boca, las autoridades de entonces crearon una costumbre de recoger harina entre sus vecinos y elaborar estas pitanzas para arrojarlas después desde el balcón del Ayuntamiento para todo aquel que tuviera la pericia de cogerlos al vuelo.